Ronda, el tajo y los toros

Y el Tajo… de Ronda

Claro que no es el rio Tajo. Es, el Tajo de Ronda, en la provincia más internacional de España, Málaga.

Herida cuyo culpable no es otro que el rio Guadalevín, afluente del Guadiaro. Zona y parajes que nos presentan una meseta, a poco más de 700 metros sobre el nivel del mar, en la que asienta sus reales la ciudad de Ronda. Majestuosa y temeraria, se erige para dar vértigo desde sus balcones, la parte que asoma su baranda, sin temor, a la tremenda hendidura. Testigo: esta imagen que preside el artículo.

Otra vez huele a serranía; bandoleros, contrabandistas, toreros y épocas en que la vida, tenía el valor de una navaja bien afilada. Cuando no, el silbido de una onza de plomo que partía rauda del mosquete, en busca de un cuerpo que perforar mortalmente. Migueletes primero, y Guardia Civil después, cabalgando por esos montes en pos de guaridas y refugios de proscritos.

Ellos, los supuestos indeseables, huyendo y presentándose sin aviso en los lugares que les apetecía, usando mil artimañas y algunos, hasta resultando héroes para la población. Los otros, los perseguidores, sintiéndose burlados y machacados una y otra vez, en emboscadas que les diezmaban. Y el pueblo (excepto los traidores, taimados, cobardes y porcinos) tapando la realidad a los guardias, y acogiendo en sus hogares a los malhechores. Pues se sentían más allegados a éstos, por causa de las políticas opresoras que practicaban aquellos.

La serranía de Ronda, pariente mayor de la Sierra de Grazalema, puede contarnos cientos de relatos en los que abundan personajes como Tragabuches, de etnia gitana para más señas, que aún naciendo en Arcos de la Frontera, termina por instalarse en Ronda.

Hacemos referencia de su raza, pues en la época, reinando Carlos III, existía una pragmática que permitía a los gitanos cambiar de apellido si lo deseaba. Entonces, acogiéndose a la misma, este personaje reemplazó su nomenclatura de José Mateo Balcázar Navarro, a José Ulloa Navarro. Lo de Tragabuches, fue apodo heredado de su progenitor, quien –según cuentan los mentideros- se zampó un burro recién nacido metido en adobo. Y, como quiera que burro también se conoce por “buche”, de ahí lo de “traga…”

Ahora la subjetividad de cada uno, que busque al más burro, para añadir una pizca de sátira a este artículo.

¿Por qué dio con sus huesos en Ronda, el amigo “Tragabuches”? Porque decidió ser torero. Y su padrino de oficio militaba en la cuadrilla de Pedro Romero, célebre lidiador rondeño.

Y claro que no se puede hablar de Ronda sin mentar la tauromaquia. Sería un sacrilegio cometido contra una cultura ancestral, arraigada al pueblo desde el siglo XI, importante para el lugar en grado superlativo.

No vamos a relatar aquí ni hacer apología del toreo, por no herir susceptibilidades ni ser el foro adecuado. No obstante, es casi imposible hablar de curiosidades turísticas de España, obviando el mundo del toro bravo, una de las tradiciones importantes del país.

Sino todos, gran parte de españoles aman el toreo, les gusta, lo siguen, y ellos también tienen derecho a que se reseñe el arte de Cúchares. ¡Va por ustedes!

Pedro Romero como descendiente directo –nieto- de Francisco Romero (impulsor del uso de muleta y estoque para vivir o morir de frente, sobre el 1700) escribió una de las páginas más gloriosas de este arte, en la Plaza de Toros de Ronda. Real Maestranza de Caballería de Ronda, para resultar más explícitos.

Así que, por esas razones y no otras, porque el eximio facineroso de bárbaro alias se tiró al monte después de ser torero, debido a que, pasando previamente por el estatus de contrabandista, un día regresa a casa antes de lo previsto, y encuentra a su amante poniéndole los adornos con el sacristán (que para más inri, se apodaba “el listillo”); degüella al uno, y defenestra a la otra, acabamos hablando de bandidos y toreros en la Serranía de Ronda. Y en Ronda, porque no queda más remedio.

La historia que se palpa, y va unida a cada página con nombre propio, sin que existan excepciones. Eso es.

Independiente de la plaza de toros, de la que ya destacamos su importancia; indistinto también su enclave, altamente relevante y precioso, Ronda, cuenta con otros monumentos que merece la pena visitar. No, no; ¡que hay que visitar sin excusas! para apreciar una parte trascendental de nuestra peculiaridad que invita en actitud generosa.

Todo ello… enclave, ciudad, sus costumbres, su historia y su comida, es algo que no se puede dejar de saludar en esta vida. Ya que en otra, nadie ha vuelto de allí para confirmarlo.

Hay que ir a Ronda; y respirar esa parte del pasado, para hacer un poco más digno el presente.

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